Sobrevivir al Excel: qué pasa con la economía argentina detrás del discurso oficial
Dos economistas y un empresario analizaron el escenario económico actual y debatieron sobre la viabilidad del modelo en el mediano y largo plazo. Fue en el marco de un conversatorio convocado por el Centro de Estudios DEMOS.

Bajo la consigna “Sobrevivir al Excel: qué pasa con la economía argentina detrás del discurso oficial”, el Centro de Estudios DEMOS convocó a un conversatorio para debatir y analizar el escenario económico actual. La actividad se realizó el jueves 6 de agosto en la sede de DEMOS con un importante marco de público.
En el conversatorio expusieron Martín Rapetti, Doctor en Economía y director del Centro de Análisis Económico Equilibra; Juan Pablo Barrale, gerente de Asuntos Corporativos de CCU Argentina y miembro del directorio de la Cámara de la Industria Cervecera Argentina; e Ignacio Trucco, Doctor en Economía y miembro del equipo de economía y producción del Centro de Estudios DEMOS. La actividad fue moderada por Sandra Cicaré, periodista, conductora de “La Banda Cambiaria” y editora del portal ecobiz.eco.
Durante la charla, los expositores debatieron sobre las fortalezas y debilidades del actual modelo económico y reflexionaron acerca del contraste entre el equilibrio macroeconómico y el empeoramiento de los indicadores sociales. Al final del intercambio, quedó abierta la respuesta a una pregunta que sobrevoló toda la charla: ¿este modelo es viable en el mediano y largo plazo?
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Por lo pronto, de las exposiciones de los especialistas surgieron algunas conclusiones que arrojan luz sobre el momento actual de la economía argentina: la energía y la minería, por sí solas, no alcanzan para traccionar al conjunto de la economía nacional; el dólar barato lo paga toda la sociedad con menos actividad, menos empleo y más precarización; la inversión está cayendo en forma sostenida desde hace un año; el consumo está estancado y no se avizora una recuperación en el corto plazo; todo ello a las puertas de un año electoral –con todas las incógnitas que conlleva– que llegará sin “Plan Platita”.
Equilibrio macroeconómico y armonía social
El economista Martín Rapetti abrió su exposición con una lectura en la que matizó los logros del equipo económico en términos macro con las materias pendientes y los retrocesos en términos de la micro: “Hay una macro ordenada en el sentido que hubo una corrección del desbalance fiscal, un ordenamiento del balance del Banco Central, se ordenó el sistema de pagos externos, incluso se liberó el cepo a la compra de dólares, aunque todavía hay algunas restricciones para las empresas. Es un estado de situación que los argentinos podemos tolerar. Y la inflación bajó significativamente”.
“Efectivamente, lo que vemos es que la micro presenta dificultades. Está muy claro que hay una bifurcación. Hay tres o cuatro sectores que están yendo para arriba: energía, minería, agroindustria y pesca. Hay otro sector poco visto, que en las cuentas nacionales aparece como transporte y restaurantes, que también va para arriba. Después hay un grueso de sectores que son acíclicos y que van de la mano del crecimiento poblacional, como enseñanza y administración pública. Y los tres sectores que más traccionan el empleo doméstico –industria, comercio y construcción– son los que están cayendo”.
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En ese punto, Rapetti aclaró que ese presunto crecimiento de sectores como transporte y restaurantes se debe, en realidad, al boom que experimentaron las aplicaciones de viajes como Uber y Didi y de envíos a domicilio como Rappi y Pedidos Ya, a lo que se suma una inmensa cantidad de gente que optó por dedicarse a preparación de comidas en sus hogares para poder llegar a fin de mes.
“En el conjunto se ve que la economía crece –siguió Rapetti–. El gobierno festeja eso, pero efectivamente, diría Borges, son caminos que se bifurcan. En el agregado la economía va para arriba porque los sectores que van muy para arriba empujan y traccionan. Pero los de abajo están yendo muy mal”.
“Esto se ve de forma mucho más transparente cuando uno mira el empleo, porque la actividad crece y el empleo privado formal cae. Se genera trabajo, pero es de gente que está rebuscándosela”. Al respecto, mencionó los 230 mil puestos de trabajo formales que se perdieron desde la asunción del presidente Javier Milei, las dos terceras partes en industria y construcción, lo que se compensa parcialmente en las estadísticas oficiales por el aumento de los “autoempleados” que completan sus ingresos haciendo Uber o Pedidos Ya.
“Uno no puede pensar, como dice el relato oficial, que eso está mostrando que hay una transformación productiva o una destrucción creadora –continuó el economista–. Lo cierto es que los sectores que están expandiéndose no están generando empleo: de hecho, en minería, energía y agro, el empleo formal cayó”.
“La forma tradicional del desarrollo económico dice que, cuando una economía empieza a despegar, los sectores más pujantes absorben la mano de obra que sale de los sectores más rezagados. Eso acá no está pasando y difícilmente pase porque los sectores más pujantes, por sí solos, no son grandes empleadores de mano de obra”.
Inversiones estancadas
En otro tramo de su exposición, Rapetti se refirió a las inversiones: “Lo que pasa en minería y energía me parece muy positivo. Son una gran oportunidad las ventajas que tenemos por los recursos naturales propios y por el contexto global. Se ha generado un clima y un ecosistema muy importante, sobre todo en energía. En Vaca Muerta hemos tenido un desarrollo muy importante con actores locales. Ahí hay un ecosistema empresario muy potente y eso es muy positivo”.
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No obstante, el economista indicó que “la inversión agregada de un país no es solamente la de un par de sectores. Y lo que se ve es que hace cuatro trimestres que la inversión viene cayendo. La economía argentina, desde que empezó el gobierno de Milei, tiene una continuidad de la caída que viene de la etapa final del gobierno de Alberto Fernández, eso se intensifica con la devaluación inicial y el fuerte ajuste fiscal, hay una caída y después hay un rebote”.
“Ese rebote, que se inicia en el segundo trimestre de 2024, se agota en el primer trimestre de 2025. Y desde ahí la economía está virtualmente estancada. La inversión agregada muestra una caída consecutiva de cuatro trimestres. Hay una corriente de inversión muy fuerte en energía y minería, pero el resto de la economía cae”.
¿Qué pasará en el segundo semestre?
Más adelante, Rapetti hizo algunas proyecciones respecto a lo que se puede esperar para el segundo semestre de 2026: “Esta dinámica de senderos que se bifurcan no la veo despejándose. Veo una corriente expansiva de los sectores de energía y minería, hay que ver la agroindustria, que en buena medida depende del clima, el fenómeno del Niño podría cambiar la ecuación de la agroindustria. Pero para los sectores que han sido dañados por esta gestión no veo un cambio significativo. No veo que se vaya a dar vuelta de manera rotunda la actividad de la construcción, el comercio y la industria”.
“Tampoco veo una recuperación fuerte de los ingresos de las personas. El ingreso disponible cayó después de una recuperación a principios del año pasado y desde ahí en adelante viene cayendo. Dependiendo de la medición, está un 15% por debajo de los niveles de 2023. No estamos viendo que se dé vuelta la caída del empleo privado. Lo que se está generando es empleo más bien precario. No veo por ese lado un aumento de la demanda”.
“Nosotros estamos revisando a la baja las estimaciones para 2026. Creemos que, si le va bien, la economía va a estar creciendo alrededor del 2%, y puede ser menos. Al ritmo que vienen creciendo energía y minería, con el resto de las actividades estancadas, con el 15% de la economía expandiéndose a tasas de dos dígitos y el resto en cero, la economía con todo crece 1,5% o 2%. Ese es el panorama”.
La ecuación consumo-costos
El gerente de Asuntos Corporativos de CCU Argentina, Juan Pablo Barrale, hizo una valoración positiva de los aspectos macro del gobierno de Milei, pero dejó en claro que todavía faltan medidas que apunten a recomponer el consumo y mejorar el mercado interno: “Cuando asumió Milei, en el sector privado había una especie de beneficio de la duda positivo. Veníamos de años que no fueron malos desde el punto de vista del consumo, pero quizá un poco desordenados desde el punto de vista de la gestión. Con la inflación corriendo tan rápido y a tasas tan altas, uno se la pasaba mirando listas de precios. Ese no era un escenario cómodo para los empresarios”.
“En general, el empresario argentino es un tipo que apuesta por el país, que invierte, a pesar de que la historia no ha dado muchos años de estabilidad, más bien de inseguridad, y que ha hecho muchos esfuerzos y malabares para crear compañías rentables”, continuó Barrale.
“Milei venía con una idea distinta, más allá de que era un presidente sin equipo, legislativamente débil; creo que al sector privado le gustaba la idea de alguien que ordene la cosa. Eso un poco se dio. La dinámica entre el gobierno y el sector privado se diluyó, en el buen sentido; las desregulaciones en muchos ámbitos han sido positivas. Y creo que el ordenamiento de la macro te obliga a trabajar en tus propias eficiencias, no porque no se hiciera, sino porque antes el precio escondía cualquier ineficiencia. Antes le tocabas un punto el precio a algo y era como vender diez puntos en volumen. Tenías más margen para equivocarte porque quizá el precio te lo escondía; hoy tenés menos margen para equivocarte”.
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“El inicio de Milei fue muy loco, con ese pico de 25 puntos de inflación el primer mes y la devaluación. Después se vieron ciertas tensiones en el consumo, hubo un repunte, pero se cayó en el primer trimestre del año pasado y a partir de ahí el consumo se retrajo bastante”, agregó el empresario de CCU Argentina.
“Si uno ve el período 2023-2026, ve la foto de una industria cayendo en volumen, con la producción para abajo y las empresas tratando de trabajar mucho en la eficiencia. Ahora estamos empezando a ver algún nivel de crecimiento en comparación al año anterior, que fue muy malo. Esa base tan mala nos permite ver un principio de recuperación. No sabemos basado en qué variable porque el ingreso disponible no crece; tampoco están cayendo las tasas, entonces la gente no está más holgada para tomar créditos”.
Inflación para abajo, tasas de interés para arriba
Barrale explicó que “una tasa alta en el capital de trabajo te genera una caja negativa que a veces asusta. Ahí no hay mucho que hacer, por más espalda que tengas. Quizás los grandes lo sufrimos menos que el empresario pyme, pero tener un país con tasas a la baja te cambia mucho la perspectiva y te da otra mirada sobre qué tipo de inversiones y de proyectos podés abordar en la inmediatez y cuáles tenés que patear para adelante”.
“Nosotros vivimos de la micro. Parte grande del PBI de la Argentina está apoyado en el consumo. Que la macro esté ordenada es super importante. Nuestra compañía ha tomado decisiones de inversión en países como Paraguay y Uruguay, que tienen mercados muy chicos, y es más cautelosa en Argentina, quizá porque esos países tienen cierta historia de estar un poco más ordenados y dar cierta seguridad que Argentina, en los últimos años, no la estaba dando. Por eso es sano tener una macro ordenada, aunque duela”.
Un año electoral sin “Plan Platita”
“Los años electorales –siguió Barrale– suelen ser buenos para el consumo, pero creo que 2027 va a ser un año atípico. No vemos al gobierno decidido a un ‘Plan Platita’, no está en su ADN y el presidente ya lo ha dicho. Creemos que va a ser un año atípico. Tenemos proyecciones de crecimiento super mesuradas, no creemos que vaya a ser un año de decrecimiento, creemos que vamos a ir creciendo progresivamente, pero con un poco de incertidumbre porque va a ser un año muy atípico desde el punto de vista electoral”.
Mercado interno y tipo de cambio
Por su parte, el economista del Centro de Estudios DEMOS, Ignacio Trucco, sostuvo que “hay varios tipos de equilibrios económicos; este que tenemos ahora no es el único. Cuando el tipo de cambio está muy apreciado, como ahora, los argentinos básicamente hacen tres cosas: tienen una cuenta de turismo emisivo muy alta, empiezan a importar bienes finales –sobre todo autos– y empiezan a atesorar dólares para el ahorro”.
“Eso no lo hacen por una cuestión cultural –continuó Trucco–, sino por algo más sencillo: todos estos regímenes de tipo de cambio apreciado tarde o temprano han fracasado y han provocado devaluaciones muy importantes. Comprar dólares baratos es una especie de inversión a futuro para cubrirse del riesgo de devaluación intrínseco de un régimen cambiario que está forzado por el Banco Central. Todo lo contrario pasa en Chile y en Brasil, que han tenido una política macroeconómica más parecida a la de Lavagna entre 2003 y 2005 que a la del Banco Central de Caputo y Sturzenegger del 2015 o de ahora”.
“Esos excedentes que se van hacia el turismo, la compra de autos y el atesoramiento, cuando tenés un dólar competitivo, empiezan a ir hacia el mercado interno. Cuando se fortalece el mercado interno, rápidamente empieza a haber presiones, la economía crece, podés llegar a un punto de pleno empleo, pero luego empieza a haber presiones inflacionarias. No las de una devaluación, sino las de un mercado interno en actividad”.
Según Trucco, el modelo actual pareciera sugerir que “ante la falta de financiamiento de un régimen de tipo de cambio apreciado, que lo pague la sociedad con poca actividad económica, poco mercado interno y pocas ventas. Es lo que estamos viviendo ahora, pero recién en el comienzo. No estamos viviendo el peor momento de una crisis recesiva de un régimen cambiario que no aguanta. ¿Por qué? Porque al gobierno le entraron un montón de dólares por las exportaciones récord, porque está Vaca Muerta, porque todavía hay cierta entrada de capitales en el sector energético. Eso está solventando el régimen cambiario haciéndole pagar a la sociedad esta recesión, que por ahora es moderada”, concluyó Trucco.


